La transcripción de los nombres árabes: una aclaración

La confusión sobre la transcripción de los nombres propios y comunes árabes es vieja pero está lejos de haberse resuelto. Hay dos razones fundamentales, a mi modo de ver: porque nuestros sabios arabistas –que los hay- han optado por mirar a otro lado, acostumbrados como están a utilizar una transcripción fonética directamente del árabe culto –muy diferente al vulgar- de acuerdo con las normas de la Escuela de Estudios Árabes, pero que, de hecho, la hacen casi impronunciable, y porque la mayoría de los medios no se detiene un minuto en averiguar cómo se pronuncia un nombre procedente de países donde se utilizan alfabetos no latinos. Como vamos a estar condenados durante mucho tiempo a leer y oir noticias, análisis y opiniones sobre este proceloso mundo árabe-islámico que tiene como lectura básica un solo Corán intraducible, vamos a intentar alguna aclaración que nos sirva de ayuda

Dado que la inmensa mayoría de la información procedente del mundo islámico, (también de Rusia, China, Japón…), está monopolizada por las agencias de prensa norteamericanas, inglesas o francesas, nos hemos habituado a copiar literalmente los nombres procedentes de países no latinos, tal y como otros lo transcriben fonéticamente de esos idiomas y ello a pesar de los “libros de estilo” de los periódicos y agencias más importantes de España. Así se dio el caso, en su día, de que el dictador soviético “Mr. K” era, en realidad, Mr. J” porque el “Khroutschev” que recogíamos de agencias extranjeras”, se transcribe fonéticamente del ruso al español como “Jruschof”, lo mismo que el famoso dirigente ismaelita Aga Jan lo hemos visto casi siempre escrito como Aga Khan.

Los casos son interminables, pero, de cuando en cuando, se renueva la confusión cuando un vocablo árabe ocupa la actualidad durante algún tiempo. Ya ocurrió con la palabra “talibán”, plural de “talib”, estudiante, con ocasión de la primera guerra de Afganistán. Para nuestros medios pasó a ser de uso común un asombroso “plural del plural” y pasamos a llamar “talibanes” a los que son “talibán”, es decir, los estudiantes del Corán reclutados en su día por el jeque Omar, de Kandahar, para hacerse con el poder en Afganistán y proclamar una república islámica sunnita, de acuerdo con las consignas de “Al Qaída”. Y aquí apareció por primera vez la palabreja, (mal traducida por cierto como “la red” ya que al ser polisémica, significa muchas más cosas) sobre la cual no se han puesto de acuerdo todavía los medios hablados y escritos, aunque la mayoría ha optado por un malsonante “qaeda”. Pues bien, quisiera defender la transcripción fonética –que, en este caso, coincide con la literal- “de Al Qaída” como la más ajustada al español, según su pronunciación en árabe.

Vaya por delante que muchas letras del alfabeto árabe apenas pueden pronunciarse con exactitud, ni en nuestro idioma ni en ningún otro. En este alfabeto no existen “vocales” más o menos claras como las nuestras, pero sí letras similares como el “ia”, el “uau” o el “alif”. Otras consonantes como el “aain” o el “gaain”, tienen un sonido gutural, muy parecido al balido de una oveja, de muy difícil transcripción fonética, y otras, llamadas “solares”, cambian la “l” final del articulo “Al” por la primera letra del nombre siguiente, como en el caso de “Es-Sadat” en lugar de “Al Sadat”. No ocurre así con los nombres tan comunes como “Hasan” , “Asad” o “Husein” que debe escribirse en español con una sola “s” equivalente al “sim” árabe pero que, en francés, se dobla para hacerla más nasal o menos silbante. En cambio, otros nombres árabes sí que se escriben con doble consonante, como es el caso de “Sunna”, “Saddam”, “Mohammed” o Gaddafi, que, a la hora de pasar a nuestros alfabetos, se simplifica, dando lugar a una pronunciación que se hace irreconocible para los oídos árabes. Para ajustarnos más al sonido original, deberíamos transcribirlos así: “Sun-na”, “Sad-dam”, “Moham-med” o “Gad-dafi”.

Pero vayamos a “Al Qaída”. Esta palabra se escribe en árabe con el gutural e impronunciable“aain” y, para acercarnos a su pronunciación, sería preferible transcribirla con  doble “aa” (al-qaaída sería lo más lógico) pero nunca ese “qaeda” que vemos en tantos medios de comunicación. Si mantengo la “q” es porque en árabe se escribe con esa letra cuyo sonido se diferencia bastante de la “c” o la “k”, que también existen en árabe. Para simplificar, puede escribirse, por tanto, “al qaída”, parecido al vocablo en francés, con la diferencia de que en este idioma es obligatorio colocar una diéresis a la “i” (así: “qaïda”) para evitar la pronunciación del diptongo “ai” que, como es sabido, se pronuncia “e”.

Lo que no es de recibo, en absoluto, es olvidarnos del sabroso sonido de la “j” que heredamos de los árabes pero que en francés e inglés no se pronuncia con la natural rotundidad de “jinete”, Jerez, Jaén, etc. Tienen que recurrir a la unión de la “k” y la “h” (así: kh) para acercarse mentalmente, que no fonéticamente, al sonido de la “j” en nombres como Jat-tabi, Jomeini, Jamenei, Jadiya, Joya, Tutanjamon y tantos otros. Así ha pasado a nuestra historia literaria y política la palabra “califa” por asimilación del francés “khalifa” en lugar de la muy árabe y española “jalifa”. ¡Claro que a ver quien es el guapo que se atrave a escribir “JHalifato de Cordoba” o el nuevo “jalifato” del yihadista Al Bagdadi. No digamos ya de algunas palabrejas que recogemos del francés en lugar de las castellanizadas directamente del árabe desde hace siglos, como alminar, que a veces vemos escrita como “minarete”, o almuédano que algunos listos escriben “muecín” o “muezzin”. En el caso de nuestra “y”, en su sonido consonante, franceses e ingleses la transcriben con “dj”. Así, la isla tunecina de “Yerba” la vemos escrita en francés, como “Djerba” y “yebel” (montaña) como “djebel”……

En fin, como norma general y ya que el árabe no es muy accesible al lector medio español, hay que poner en solfa todas las palabras árabes, cirílicas, chinas, griegas o japonesas cuando las vemos transcritas, a través de algún medio francés o inglés, con “kh”, “dj” o “j”. Si no conocemos la palabra original, podemos transcribirla, sin miedo a equivocarnos, con nuestros propios sonidos: kh=j, dj, j = y, lo mismo que transformamos la “ou” en “u”, la “au” en “o” o nos comemos lindamente la “e” final del francés, que es muda. Todo esto sin entrar en pormenores más complejos sobre la pronunciación de las “haches” árabes aspiradas o las marbutas terminales… Diré que, en general, cuando se transcribe un nombre con alguna “h” como en el caso de Mohammed, hay que aspirarla al muy peculiar estilo andaluz…

Fueron los diligentes interventores españoles, durante el tiempo que duró el Protectorado en el norte de Marruecos, los que utilizaron estas normas de transcripción. Ellos, que conocían a fondo el árabe y los dialectos bereberes, especialmente el “chelja”, se vieron obligados a utilizar unas reglas sencillas para llevar a los censos y documentos escritos en español, los nombres de los marroquíes norteños. Por cierto que, dada la extensa colonización cultural francesa e inglesa, los habitantes de las antiguas colonias que asumieron en parte la cultura extranjera, escriben sus nombres con la lengua de sus colonizadores, salvo en el caso del español, de manera que nuestro querido Tetuán, capital del viejo protectorado español, lo vemos ya en los mapas marroquíes como “Tetouan” y El Aiun como “Ayoum”…. Consecuencia: los medios hablados no saben ya cómo pronunciarlos. Zougan es, en realidad, Zugan; Zouhair es Zuhair; Khalihena es Jalihenna… Más aún, se ha dado el caso de algunos locutores de campanillas que, en un alarde de aparente erudición, han llegado a pronunciar la palabra “jan” con un absurdo “yan”, pensando en la “j” francesa pero sin pensar que ese “jan” ya se ha transcrito antes al español correctamente a partir de “khan”, como ocurre con el Aga Khan (Jan).

En este contexto, sería buena una unificación de los libros de estilo de los grandes medios de comunicación españoles –algunos de ellos, por cierto, revisados por académicos- para evitar la confusión del lector y del oyente.

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