Amigos y enemigos del yihadismo

 

 

Poquito a poco, Europa, encabezda por Francia, empieza a darse cuenta de que su mejor aliado en la lucha contra el yihadismo no es Estados Unidos sino Rusia, la Rusia de Vladimir Putin. Y, al mismo tiempo, ha entendido que no hay otra alternativa que apoyar al régimen del dictador sirio Bachar el Asad como muro de contención del Estado Islámico. Ahora falta por definir la estrategia a seguir, una vez que ha quedado demostrado que los bombardeos no son suficientes.

Algún analista comentaba estos días de la “enorme suerte” que ha tenido España –la España de Rajoy, se entiende- con el hecho de que los atentados de Paris se hayan cometido durante el mandato de un socialista, François Hollande; de lo contrario, el “no a la guerra” hubiese sido una fiesta para el PSOE, una renovación “milagrosa” del 14 M, cuando Aznar pagó, con la derrota de su designado sucesor, su estúpida alianza con Bush. Pero el azar de la historia tiene esas cosas. Aquí hemos firmado un pacto de Estado antiyihadista antes de que Hollande nos pida formalmente nuestra ayuda, después de haberla obtenido de Gran Bretaña, Alemania, Italia y la despreciada Rusia. Y hemos asistido al insólito caso de que ese Zapatero bis que es Pedro Sánchez sea el que esté exigiendo al Gobierno que actúe ya y se ponga a disposición de Francia, pujando al alza en esa especie de subasta belicista que se ha puesto en marcha al son de La Marsellesa.

Pero hay otras cosas que asombran mucho más. ¿Por qué no ha contado Hollande –y el resto de la Europa que quiere machacar a los terroristas del EI- con Arabia Saudita y con los ricos Emiratos árabes, incluida la rescatada Kuwait? Las diversas asociaciones europeas que agrupan a los musulmanes, muchas de ellas apoyadas, cuando no subvencionadas, por el wahabismo saudita, están tratando de acusar a los asesinos del Daesh de no ser auténticos creyentes e, incluso, de ser unos renegados que se escudan en el Islam para cometer sus atentados. En cierto modo no les falta la razón… en la medida que enarbolan la bandera verde de los musulmanes “tranquilos”, es decir los “tolerantes”, como si tuviéramos que agradecerles que nos “toleren” en nuestra propia tierra…

Las huestes del “emir” Al Bagdadi, ciertamente, están nutridas de jóvenes de diversas nacionalidades que desconocen el Islam, aunque se sometan a la particular “sharía” impuesta en todo el territorio sirio-iraquí que controlan o que han prestado juramento de fidelidad dentro de nuestras propias fronteras europeas. Pero más allá de las contradicciones que sacuden al mundo islámico, de la guerra a muerte que mantienen desde hace quince siglos sunnita y chiítas, resulta incomprensible que los países árabes e islámicos se mantengan hasta ahora al margen de la alianza que lidera Hollande.

Si el Daesh no sigue la “recta vía” del Islam, estos países tendrían que haberse puesto al lado de Francia de manera espontánea e inmediata. ¿Por qué no ha sido así? Lamentaba una jovencita musulmana española, asomada días atrás a un programa de televisión, la falta de unidad entre los árabes. Todos son musulmanes, bien es verdad, pero cada país defiende sus propios intereses e, incluso, muchos de ellos han tomado medidas para proteger sus mezquitas de la “ofensiva” religiosa de la doctrina oficial de Arabia Saudita. Así ha ocurrido en Marruecos, en Argelia, en Egipto y, en buena medida, en Túnez. Lo cual quiere decir que, en cierto modo, el enemigo real a abatir no es tanto el Daesh como la intocable Arabia Saudita, principal abastecedora de armas y dinero a los grupos opositores de Bachar el Asad… que han propiciado el alumbramiento del yihadismo.

Pero, claro, el principal aliado de los saudíes es… Estados Unidos y, en realidad, todo Occidente donde la inmensamente rica familia real tiene sus cuentas corrientes, sus mansiones, sus palacios. ¿Qué país occidental no está prisionero de las inversiones tecnológicas o industriales en el corazón del mundo islámico? Francia, en realidad, debió empezar a pedir ayuda a Arabia Saudita, además de Turquía, esa potencia euroasiática que sueña con recuperar el Califato perdido en la I Guerra Mundial… aunque aspire todavía a ser miembro de la Unión Europea y forme parte de la OTAN.

Todo esto, ya lo sé, es un embrollo dentro de una maraña de intereses cruzados que, en el fondo, no hacen más que favorecer al Daesh. Pero, en fin: tendremos que esperar todavía algún tiempo antes de que Europa, bajo los auspicios del humillado Hollande, se ponga de acuerdo sobre qué medios emplear, aparte de la movilización de su inteligencia, contra el terrorismo yihadista, al menos mientras no se cometa otro atentado que precipite las cosas.

De momento, quien gana por goleada el Estado Islámico, encantado con el terror que ha desencadenado en una debilitada Europa que ahora habla de la defensa de sus “valores”. En algún momento habrá que analizar qué valores son esos, que significado tiene hoy la libertad, la igualdad y la fraternidad, además de los derechos humanos que no cesan de crecer a medida que menguan la honradez, la decencia, el coraje, la integridad, la lealtad, la dignidad humana, la cohesión de las familias… y tantos otros que se llevó la “revolución” de mayo del 68 cuya cuna fue, ¡oh casualidad!- el dulce, bello y luminoso Paris…

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