Católicos «sentimentales»

Revelan algunos sondeos que cinco de cada diez votantes de Unidos Podemos son católicos, lo que equivale a decir que el 14 por ciento de cuantos optan por esta formación política son de la misma confesión. ¡Vaya decepción! Podía suponerse que por el mero hecho de ser un partido anticapitalista, todos los españoles, sean católicos o no,  deberían votar a Pablo Iglesias. Aquí nadie es “capitalista” en el sentido negativo que se ha dado a esta palabreja como subproducto de la vieja “guerra fría”… Ese capitalismo antagónico de la dictadura comunista, sin embargo, tiene todavía como rémora la busca del beneficio económico  por encima de la dignidad humana y eso está aún por corregir, ya lo sabemos, pero no pasando al otro extremo…

Claro,  hablo de un “suponer”. Antes habría que preguntarse cuántos católicos que se dicen católicos son realmente católicos. Y cuántos anticapitalistas son, además de eso, enemigos de la Iglesia católica, como los que profanan capillas o publican imágenes blasfemas con la intención expresa de provocar y dañar los “sentimientos” católicos. Los cual nos lleva a preguntarnos también si el hecho de ser católico responde a un ”sentimiento” más que a una fe racionalizada En definitiva, lo que pretendo decir es que la revistan que ha publicado el sondeo –una revista confesional católica -no ha tenido la precaución de hacer antes una pregunta a sus sondeados. ¿Qué es para usted ser católico?

Allá por los tiempos de la Transición, más del 95 por ciento de la población española se consideraba católica; más aún: por entonces, salvo excepciones escasas, todo el mundo estaba bautizado. Es obvio que en estos cuarenta años transcurridos, el número de bautizados ha descendido notablemente, pero la inmensa mayoría de los españoles –más del setenta por ciento- todavía se consideran católicos. ¿De los que frecuentan los sacramentos? No seamos exigentes: de los que se “sienten” católicos. Otra cosa muy distinta es que lo sean de verdad.

Nuestro problema como españoles y acaso como católicos, es que hemos perdido de vista la realidad. Lo que dice el Papa Francisco o lo que escuchamos en las homilías dominicales, nos puede “gustar” más o menos, pero cada cual tiene su propio criterio de lo que significa ser católico. Si lo fuésemos en verdad, no votaríamos a ningún partido o, al menos, tendríamos muy en cuenta a los que se aproximan a la Doctrina Social de la Iglesia y los que, declarándose anticapitalistas o simplemente “laicos”, admiten con satisfacción que la libertad debe ser absoluta y  estar por encima de la vida y de la muerte… pero nunca en contra de su propia ideología. Y ocurre que ningún partido, ninguno, acepta siquiera como hipótesis programática, la defensa de la libertad por encima de su ideología, ni siquiera en materia social.

La derecha liberal admite algunos principios que podríamos llamar cristianos, como el derecho a la propiedad privada o el derecho a la libertad de educación, pero admite sin rubor el derecho a decidir la vida y todo lo que conlleva la ideología de género, diametralmente opuesta a la familia. La izquierda, incluida la llamada socialdemocracia, cree más en el intervencionismo que en la libertad: proscribe la libertad de enseñanza y defiende el aborto como dogma de fe “progresista”. En cuanto al populismo izquierdista, que según la encuesta mencionada atrae el voto del 14 por ciento de los católicos, si bien es verdad que aborrece el culto al dinero como ídolo, aspira a que el Estado sea el único propietario de cuanto existe, incluida la vida humana y hasta el derecho a pensar con libertad. ¡Es el comunismo soviético! Así que si existen católicos que votan al populismo, o bien  no saben lo que es el totalitarismo o no son católicos.

El católios, digámoslo de una vez, es un defensor de la libertad porque se siente libre de ataduras ideológicas y porque cree en Jesucristo como camino, verdad y vida. Dicho con más sencillez: el católico espera en la vida eterna y se sabe obligado a trabajar por mejorar “esta” vida terrena de acuerdo con unas coordenadas que están inscritas en su conciencia y en los Evangelios. Entonces, a la hora de votar, conscientes de que la organización menos imperfecta de la sociedad es la democracia, tiene que elegir lo que más pueda acercarle a las libertades en las que cree. Ya en la Transición, un progresista Abel Hernández nos reveló que muchos obispos votaban al PSOE. Pero en aquél tiempo, no nos olvidemos,  Felipe González, la hoy marchita “estrella” socialista, había renunciado al marxismo y nunca puso en la picota a la Iglesia. La realidad era distinta a la de ahora: España se despertaba con ilusión a un cambio y ese cambio lo simbolizó Felipe después del desastre sufrido por la UCD.

Hoy, el socialismo que encarna la actual dirección del PSOE, ha caído del todo en el sectarismo ya iniciado con Rodríguez Zapatero, el gran introductor del populismo totalitario “a la valenciana”. Así que los católicos votamos a quien queremos, pero ¡cuidado!, no digamos que nos “sentimos” católicos…

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