Conspiremos…

Leyendo a Joseph Ratzinger, sin duda la mente más lúcida y más sabia del siglo XX,-¡qué pena que ya no nos deleite con sus reflexiones sobre el mundo de nuestros días!- me entero de que a los primeros cristianos de Antioquía, los paganos los llamaban “conspiradores”, entre otras lindezas. Y Tertuliano, jugando con la palabra griega “cristos”, que significa “bien” definió a los cristianos como “conspiradores del bien”. Un buen hallazgo semántico que ahora el Papa Francisco, con ocasión de los atentados de Paris y al plantearse la respuesta que debe darse a la violencia yihadista asi como de los conflictos que asolan a todo el Oriente Medio, recordaba que los cristianos somos –o debemos ser- “constructores de paz”, siguiendo las Bienaventuranzas.

Otro juego de palabras nos conduce sin esfuerzo a considerarnos “conspiradores de paz”. Y aquí se plantea la gran pregunta ¿cómo “conspirar” para acabar con la violencia sin utilizar las armas, sin desencadenar una espiral de violencia cada vez más extensa? Ya vemos cómo el Consejo de Seguridad de la ONU, después de diez días de dudas, ha resuelto al fin autorizar por unanimidad una ofensiva mundial contra el llamado Estado Islámico, quizá porque ha llegado a la convicción de que tal “Estado” no es islámico sino un  nido de terroristas con el cual no se identifican los musulmanes piadosos. Lo cual nos lleva a otra pregunta: ¿Si los musulmanes piadosos –es decir, la inmensa mayoría- están condenando –todavía a cuentagotas- los atentados de París ¿cómo es que no “conspiran” también ellos para llevar la paz a sus propias tierras islámicas? Los cristianos, como tales, no tenemos armas. Pero los gobernantes que nos representan en nuestro civilizado mundo occidental y que ha preferido olvidar las raíces cristianas de nuestra civilización, ¿por qué no han intervenido decisivamente hasta ahora para poner fin a las matanzas de inocentes en las posesiones que tienen esos demonios islamistas entre Siria e Irak.

No vamos a desentrañar ahora el hilo de los contrapuestos intereses que han enfrentado –y aun enfrentan- a los países occidentales para intentar siquiera frenar la guerra civil en Siria, donde ya han muerto más de trescientas mil personas aparte de los cinco millones que han huido y están provocando la actual crisis migratoria que Europa no acaba de digerir, Basta una pincelada para dibujar las oscuridades en las que se ha envuelto una contienda que ahora nos abrasa a todos. Ya sabemos que el mundo cambió el 11-S, pero no por los ataques a las Torres Gemelas y al Pentágono sino por la respuesta que le dieron algunos gobernantes “cristianos” -¡ja!- que no supieron “conspirar” para la paz sino para la guerra.

Cuanta razón tenía Saddam Husein, el dictador iraquí- cuando advirtió a Estados Unidos que iba a desencadenar la “madre de todas las guerras”!  El problema de fondo es que Occidente, a pesar de sus largos años de experiencia colonizadora del mundo árabe, no ha aprendido nada de ese mundo que dominó, ni de sus habitantes, ni de su religión, ni de su orgullo, ni de su identidad… Disparar contra Irak fue como disparar contra un avispero que ya estaba bastante agitado con la implantación de Israel en tierras palestinas. Pero en fin… ¿Que hacer? ¿Cómo 2conspiramo”?

Seamos realistas: tenemos la oración, la forma más sublima de “conspirar”. Pero también hace falta la colaboración de los propios musulmanes. Ahora que va a empezar el Año Santo de la Misericordia, bueno es recordar que en el mundo musulmán no se toma ninguna decisión de importancia sin invocar antes a Dios misericordioso.

La misericordia está en labios de los musulmanes continuamente. Tendríamos que llegar a un acuerdo con ellos para “conspirar” conjuntamente, invocando la misericordia de Dios para que esas bestias –perdón por las bestias- del llamado Estado Islámico recuperen la “recta vía”. No deja de ser una terrible paradoja que esos seres engañados por imanes y predicadores que se han apartado del Islam y que no se suicidan, vaya, maten en nombre de Dios -¡que gran blasfemia, recuerda el Papa!- e incluso acudan a su misericordia para justificar los crímenes que cometen (matar a un infiel es la forma que tienen de ser “misericordiosos” porque así hay menos infieles en el mundo).

Pero no seamos ingenuos: ¿Podría participar en esta “conspiración para la paz” un país como Arabia Saudita, cuna del wahabismo, el mas rigorista de los rigoristas credos islámicos y en el fondo encantado de que el “Estado Islámico” le haga el trabajo sucio para limpiar el mundo de infieles y proseguir así la labor iniciada en el siglo VII? ¿No es este país el que condena a muerte a un poeta por el hecho de haber apostatado y que prohíbe en su territorio la presencia de cualquier cruz que no sea la que ellos fabrican para crucificar a sus “desviados”?

Miremos a otra parte, de momento y hagamos lo correcto. Lo nuestro es “conspirar” para el bien y siempre podemos dialogar con los sabios musulmanes, una y otra vez, para rezar juntos por la paz. No la paz de los cementerios en la que sueñan los fanáticos islámicos, que los hay por todas partes, sino la paz de los vivientes, sean creyentes o no lo sean.

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