El lunes más largo

 

Según el viejo aforismo, la política es el arte de lo posible. Ahora habría que cambiarlo por el arte de hacer que todo sea imposible. Es lo que ha pasado en el famoso “debate de investidura”. Y así comienza el lunes más largo del calendario político. “Hablaremos a partir del lunes…”

¿Quién va a hablar con quien? Como en apariencia todo sigue igual que antes de las elecciones, antes incluso del “no es no…”, cabe preguntarse si al ex candidato Pedro Sánchez se la habrán bajado los humos al descubrir su propia miseria. También puede hacerse la pregunta en sentido inverso: ¿Se habrá fortalecido –como dicen algunos- tras su acuerdo con Albert Rivera y se cree ya fundamental para el futuro del PSOE?

Se dice que ahora será el tándem Sánchez-Rivera el que se siente con cualquier interlocutor, lo cual limita las posibilidades de diálogo al encuentro de ambos con el “enemigo a abatir”, Mariano Rajoy, que no ha dejado de insistir en la “gran coalición”. Pero todo parece indicar que esta eventualidad es tan quimérica como el diálogo con Pablo Iglesias. Por cierto, no deja de resultar chusco que Pedro Sánchez, en el colmo de la estolidez, diga como reflexión final del debate que no entiende de donde saca Iglesias tanto odio y tanto rencor contra el PSOE. ¡Pero, hombre, señor Sánchez!, ¿no se ha preguntado usted antes de donde saca usted tanto odio y tanto rencor contra el señor Rajoy? ¿Este es el socialista que pretendía gobernar España… con Podemos?

En todo caso: no habrá gran coalición por dos sencillas razones: porque nadie confía en nadie y porque el programa acordado por PSOE y Ciudadanos es inasumible por el presidente del Gobierno en funciones. Y no se trata ya de negociar unos cuantos puntos para acercar posiciones. Lo fundamental de ese acuerdo no era –ni es- la supuesta mejora del estado del bienestar, la derogación de todas las reformas de estos últimos cuatro años, la lucha contra la corrupción -¡qué hipocresía la de Sánchez que lidera la putrefacción andaluza, respaldada por el propio Rivera!- o cuatro monsergas más. La verdadera razón de ese pacto es borrar del mapa a Rajoy para hacer “visible” el cambio.

¡Qué estupidez! El verdadero cambio que todos los electores esperaban era, precisamente, “despertar” a Rajoy con los bocinazos de sus eventuales socios, para hacer audibles las decisiones que se tomen para afrontar el separatismo catalán y vasco, la debilidad de una Europa asediada por la crisis migratoria y la huida de Gran Bretaña, sin olvidar la amenaza de una nueva crisis económica.

El gran problema que ha tenido Rajoy en estos cuatro años no ha sido su “somnolencia”, sino su olvido de la comunicación -¡la televisión!- como palanca indispensable para el liderazgo político. Esa palanca la han sabido utilizar, con evidente eficacia, tanto el PSOE como Ciudadanos, dejando a un lado al campeón de la comunicación que es Pablo Manuel Iglesias.

Es verdad que la demagogia se vende mejor que el más duro de los trabajos. La virtud del esfuerzo se ha dado de baja en la “nueva política”. Sobre todo con unas cadenas de televisión abiertamente enemigas del Gobierno que todavía preside Rajoy. ¿Acaso no era necesaria la austeridad en el gasto público después de la herencia recibida de las dos anteriores legislaturas de Zapatero? Si era necesaria. Pero las mareas blancas y verdes que asaltaron las calles y que no eran precisamente una estela dejada por el 15-M, no fueron contrarrestadas con una comunicación eficaz del Gobierno.

Todo esto ya es agua pasada. Ahora estamos en el “lunes más largo”, ese lunes que se prolongará hasta mayo para dar tiempo al diálogo, a las sorpresas, a las iniciativas del Jefe del Estado… ¿Qué diálogo, qué sorpresas, que iniciativas? Alguna respuesta puede llegarnos a través de las innumerables encuestas que se van a hacer a partir de hoy mismo. ¿Será verdad que Rivera ha ganado peso político tras sus intervenciones en el “debate”? ¿O todo lo contrario?

Rivera, a fin de cuentas, se ha aliado con el perdedor, con alguien que ha negociado a dos bandas y que le hubiese traicionado si Pablo Iglesias no hubiera tenido tanta prisa en “asaltar el cielo” . ¿Es de fiar un Rivera que ha perdido su “virginidad” política y ya repite como un eco el “no es no” a Rajoy del sectario Sánchez? ¿Cómo ha podido caer tan bajo Rivera?

Dejemos para el “lunes” las respuestas, las encuestas y las sorpresas, alguna de las cuales puede llegar de la Zarzuela. Personalmente me preocupan otras cosas: nadie, absolutamente nadie, ha defendido el derecho a la vida, la protección de la familia, la libertad de enseñanza, la aconfesionalidad del Estado.

Bajo la capa del “cambio” está un laicismo que mancha por igual a Sánchez, Rivera, Iglesias y toda la corte parlamentaria. Al menos, con Rajoy se respetaba, hasta ahora, una buena parte de las libertades recogidas en la Constitución. A partir de este “lunes”, ni con Rajoy será ya posible porque, en el mejor de los casos, es decir, si llega a pactarse la “gran coalición”, se convertirá en un rehén de Sánchez y Rivera.. Eso es lo preocupante, lo inquietante, lo sonrojante.

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