¿Es paranoia lo de Sánchez?

 

Según la moderna psiquiatría, la paranoia es un trastorno delirante, fruto de una idea dominante, obsesiva y casi imposible de alcanzar. Me lo decía un buen amigo psiquiatra que ha dedicado algunas horas a estudiar el comportamiento de don Pedro Sánchez, candidato enfermizo a la investidura como presidente del Gobierno.

Asegura mi amigo psiquiatra que los pacientes de estos delirios, suelen expresar su obsesión con una persistencia inusual. Y me añadía: “¿No te has visto cómo, en una entrevista radiofónica, el candidatos minimizaba las dificultades que le exponía la entrevistadora pare pedirle al final que lo dejara soñar?”

Soñar en la Moncloa, claro. Y con “Podemos” puede conseguir su sueño con algún añadido separatista, una pequeñez, vamos, porque lo importante es formar un gobierno de cambio y de progreso, ya lo sabemos. A este sueño se opone un pequeño inconveniente: que el Comité Federal de su partido ha vetado un acuerdo con ese partido que dirige Pablo Iglesias.

Pero Sánchez tiene un sueño y los sueños son, a veces, muy ilusionantes, aunque respondan a un trastorno delirante. Por ello, está dispuesto a contrariar a su propio partido en la seguridad de que los militantes, a cuyo refrendo acudirá para burlarse del Comité Federal, le van a dar su pleno respaldo. Ya tiene prevista la pregunta que les hará en una asamblea multitudinaria: “¿Qué preferís? ¿Qué presida yo un gobierno de progreso con Podemos, que es un partido de izquierdas, o que siga gobernando la derecha de los recortes y la corrupción del señor Rajoy?” Clamorosa respuesta: “¡Te queremos a ti, ¡oh Pedro!, en La Moncloa y que los dinosaurios del partido se vayan a pasear con viento fresco!” ¡

¡Ah! ¿Y qué va a pasar en el Congreso del PSOE previsto para el mes de mayo? La respuesta no tiene duda: don Pedro Sánchez será ratificado como Secretario General porque, para entonces, ya habrá culminado sus acuerdos con Podemos y demás cohorte paradisíaca del separatismo izquierdista.

Antes de llegar a esta fase del delirio, el señor Sánchez tendrá que pasar por varias etapas. La primera, demostrar que es un líder dialogante al que no le importa hablar con el señor Rajoy… ahora que tiene el mandato de formar gobierno. La segunda, demostrar que el señor Rajoy es quien no quiere hablar con él y que le han bastado cinco minutos para decirle que no votará su investidura, exactamente el mismo tiempo que empleó Sánchez cuando Rajoy lo llamó a La Moncloa. La tercera, demostrar también que Ciudadanos, en realidad, es un partido de derechas que insiste en la “gran coalición” en la que él, Pedro Sánchez, perdería la oportunidad de ser el presidente del Consejo de Ministros. La cuarta, demostrar que se puede también dialogar con los separatistas, que son unos señores sin cuernos ni rabo, aunque alguno luzca unas rastas de quinta generación. Con estas mimbres en sus manos, el señor Sánchez puede hacer realidad su delirio dominante, es decir, su paranoia.

Luego vendrá la sesión de investidura, claro, y Sánchez, don Pedro, se ocupará de repetir diecisiete veces que Rajoy “es un indecente” manchado por la corrupción y que él, Sánchez, está limpio de polvo y paja, seguro de que nadie recuerda ya los Eres ni los cursos de formación fraudulentos… Como se supone que para ese momento ya tiene los votos suficientes asegurados, se limitará a sonreír durante una hora larga mientras Rajoy le da la réplica y le niega su apoyo. En la contrarréplica, Sánchez, don Pedro, afirmará solemnemente: “Ya ven sus señorías: ahí tienen al inmovilista anteponiendo los intereses de su partido al bien común que represento yo…”

La frase se repetirá como un mantra en todos los medios informativos, repletos de altavoces socialistas y podemitas, empezando por TV-1 y 2, inmediatamente ocupadas por Podemos, sin que el PP pueda contrarrestar la ofensiva mediática sencillamente porque casi todo el mundo le dará la espalda, salvedad hecha de alguna cadena amiga y de algunos algunos tertulianos que harán el papel de ridículos figurantes.

Luego, claro, habrá que empezar a gobernar que, en el caso de Sanchez-Iglesias, es el arte de echar por tierra todo lo que se ha construido por la derecha durante estos cuatro años de crisis. Crecerá el déficit, aumentará el interés de los préstamos, habrá nuevos impuestos y, durante algún tiempo, se mantendrán las pensiones. Por supuesto, habrá referéndum en Cataluña y País Vasco por encima de lo que dispone la Constitución. Ya se sabe que el PSOE es especialista en forzar las normas cuando le conviene. ¿Ni hizo eso Zapatero con el Estatuto declarado luego inconstitucional?  Que recurra el PP de nuevo al TC y dentro de diez años o nunca, veremos el resultado. En cuanto a la reforma hacia el federalismo, que ya es cosa más seria, bastará con dejarla en suspenso hasta que el señor Sánchez, con el permiso de Pablo Iglesias, convoque nuevas elecciones y ambos presientan, con la ayuda del CIS, que la izquierda será mayoritaria en Congreso y Senado.

¿No es éste el sueño de don Pedro Sánchez? Puede ocurrir, sin embargo, como en el cuento de la lechera, que la cántara se rompa antes de llegar al mercado de los votos. Basta un pequeño tropiezo. Por ejemplo, que Podemos decida esperar a otra ocasión y don Pedro haga el ridículo en la investidura al no salirle las cuentas. Será la terapia prevista por mi amigo el psiquiattra para que don Pedro Sánchez recupere la cordura.

 

 

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