Ese país maravilloso…

 

Después del “debate”, me queda una única satisfacción, como español y como votante: que Pedro Sánchez no será nunca más líder de la oposición y nunca más tendrá podrá debatir cara a cara con quien sea jefe del Gobierno. Acudió al “derby” a impedir el juego de su contrario, rompiéndole las espinillas si fuese preciso, a sabiendas de que lo tenía todo perdido de antemano y de que contaba con el silencio cómplice de un árbitro sin silbato.

Se acabó el Sánchez que aspiraba a ser Snchz en su burda imitación de ZP que, al menos, es un tipo educado con el que se puede hablar aunque engañe y mienta tanto como su sucesor. Hay una cosa que el ex Sánchez no supo considerar: que los españoles –y españolas… y españolos, claro- del siglo XXI no soportamos las malas maneras y los insultos: nos hemos acostumbrado al diálogo, al consenso e, incluso, a lo “políticamente correcto” que es la sublimación de la mentira edulcorada.

No sé hasta qué punto los votantes socialistas de ahora se sintieron satisfechos por la “caña” que su maleducado líder dio a Mariano Rajoy donde más pueden doler los golpes bajos: en el honor. Pero estoy seguro de que ni Felipe González ni el resto de la “vieja guardia” socialista se frotaban las manos a medida que el agresivo secretario general que, a su pesar, les representa, trataba de desmontar el castillo de naipes que, con tanto esfuerzo, ha construido el Partido Popular.

En realidad, lo que hizo Sánchez con sus manotazos fue descubrir sus propias miserias como soporte de un Zapatero que dejó a España en la ruina. Y no deja de resultar curioso que ese mismo Sánchez pretendiese demostrar, con su juego sucio, de que el causante de la crisis ¡ha sido el propio Rajoy! Incluso lo acusó de haber aprobado una ley destinada a impedir a las mujeres ser madres¡ Pero, hombre, Sánchez: ¿qué quería Vd. decir? ¿Acaso que Rajoy trató de empeorar la ley del aborto libre impidiendo a las menores de edad abortar sin consultar a sus padres?

¡Que distinto hubiese sido el debate si Rajoy no hubiera buscado el consenso, durante su legislatura, para abolir la ley más nefanda que nos ha legado la etapa zapaterista! ¡Un consenso imposible, como imposible es ya cualquier consenso con un energúmeno como oponente! Rajoy se dejó abducir por sus asesores, especialmente por el marido de la abortista Celia Villalobos, para dejar intacta la susodicha ley, a fin de no atraerse las iras de esas feministas “progres” que matan en el vientre –literalmente- a sus hijos con toda libertad! Y no solo no lo ha conseguido sino que se ha visto acusado de lo contrario, ¡de impedir la maternidad¡

Rajoy no se quiso poner amarillo en el Congreso con su mayoría absoluta y lo han puesto rojo a bofetadas en el debate… ¡Cuantas enseñanzas nos ha deparado esa cátedra montada expresamente en la Academia de Cine para salvar al soldado Sánchez! El “salvador” ha sido apaleado y sacado a patadas del escenario por quien quería salvar… para que no venga otro peor. ¡Y nos hemos encontrado con que lo peor no estaba fuera sino dentro, a 1,70 m. de distancia!

Sin embargo, lo que hemos visto y oído no deja de ser un aperitivo de lo que tendremos que ver y oír a partir del día 20. Puede que se haya acabado el bipartidismo pero lo que nos espera, con cuatro gallos de pelea en el hemiciclo, solo va a ser apto para pieles insensibles.

Al final, llego a una conclusión: ¿saben lo que ha hecho Sánchez en el “debate”? Algo muy simple: terminar de desmontar el consenso que hizo posible la Constitución de 1978 como norma civilizada y esencial para la convivencia ciudadana. Con el agravante de que ya no será posible consenso alguno para reformarla, como quieren los tres adversarios más destacados de Rajoy.

Viendo el dedo acusador de Sánchez y su mirada vengativa ¡qué lejos queda esa España maravillosa que Rajoy se empeñó en describir! Casi me dan ganar de soñar con otra mayoría absoluta del PP… en el caso de que hiciera propósito de enmienda y lo maravilloso no fuese fruto de un milagro sino de la honestidad en la que Rajoy se sintió herido.

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