La gran jugada que le queda a Rajoy

 

 

Una vez que todos los partidos se han retratado a la hora de formar un “pacto de progreso”, queda por ver qué puede pasar o qué debiera pasar. Ya vemos que mientras el PSOE presiona por su izquierda para que el “traicionado” Podemos se abstenga en la votación de investidura, Ciudadanos hace lo mismo con el PP, el “partido antipático”. con el que los socialistas no quieren ni hablar. Esta es la mesa de juego. Los demás, obviamente, no cuentan. Son estos “cuatro jinetes del Apocalipsis” lo que tienen las cartas en sus manos.

Desechemos que Pablo Iglesias, el despechado, vaya a permitir a Pedro Sánchez sentarse en el sillón de La Moncloa. Y descartemos también que Mariano Rajoy vaya a dejar que su insultador Sánchez ocupe su cátedra monclovita. ¿Qué queda? Las apariencias pueden engañar. Quedaría, en principio, que Sánchez fracasara en su estrategia –ser presidente aunque sea por un día, Rajoy dixit- y que el actual presidente en funciones retomase el encargo declinado en primera instancia y tratase de formar Gobierno, para fracasar también.

Vuelta a empezar. Negociaciones con Ciudadanos, acuerdo posible sobre un programa similar al que ya han firmado con Sánchez, negativa al PSOE a respaldarlo y, finalmente, convocatoria de elecciones. Bien. ¿No hay otra carta que jugar? Veamos. Si Rajoy es un hombre de principios, defensor de los valores que siempre ha defendido el conservadurismo, podría poner sobre la mesa un farol, un reto que, triunfe o no, podría darle muchos votos. Si examinamos el “programa común” de Sánchez y Rivera, podría llegarse a la conclusión -que ya se hacen muchos de los partidarios de dejar fuera de todo juego político al PP-, de que Rajoy quedaría muy mal ante sus electores si no lo apoyase.

Pero puede ocurrir exactamente lo mismo y lo contrario si ese farol fuese el de negociar en serio con Rivera. Y, claro está, Rajoy podría –debería- poner sus condiciones, incorporar algunos de sus principios al programa. Y le plantearía a Sánchez-Rivera una simple sugerencia: que retiren de su programa pactado tres puntos que podrían ser sus “líneas rojas”: mantener la ley del aborto tal y como está reformada, mantener los acuerdos con el Estado Vaticano –lo que supondría la libertad enseñanza y la oferta obligatoria de las clases de religión que Ciudadanos-PSOE se quieren cargar- y la supresión de la eutanasia. ¿Aceptarían Sánchez-Rivera estos retoques a su programa? Ese es el reto.

Si no aceptan, el PP votará en contra y Sánchez no será presidente ni por un solo día y, si aceptan, el PP ganaría muchos de los votos católicos perdidos de cara a unas elecciones que no tardarían en convocarse porque apenas se reforme la Constitución habrá que disolver el Parlamento… Dentro de seis meses, de un año… Sánchez será presidente, si, pero después tendrá que afrontar las consecuencias de sus veleidades con Podemos y la renuncia a parte de su programa electoral. Rivera, a suvez, podría perderse por el camino, aunque ya está bastante perdido al haber apostado por el PSOE… con el 80 por ciento de sus votos sacados del caladero de los cabreados del PP. ¿Otro cuento de la lechera? Bastaría con que los consejeros de Rajoy -¡ay, Arriola!-  recordasen los principios del humanismo cristiano que están en su carnet de identidad.

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