Pedir cosas grandes…

Es evidente que Rita Maestre, la tierna portavoz del Ayuntamiento de Madrid, nunca se hubiera atrevido a desnudarse dentro de una mezquita, ni de una sinagoga, ni de un templo mormón. No por miedo a ser apaleada, sino por la sencilla razón de que no le importan en absoluto. Lo que de verdad molesta a todas las Ritas y los Ritos que adoran a Pablo Iglesias e, incluso, a Pedro Sánchez, es todo lo que huela a católico.

¿Por qué la izquierda –con el sintomático respaldo de Ciudadanos- tienen en su programa la anulación de los acuerdos con la Santa Sede, que llaman “concordato” para hacerlos así más añejos? Porque de esa forma, acabarían con todas las capillas en centros públicos, con todos los capellanes de los hospitales o de las cárceles y, además, con los conciertos que permiten a los colegios privados ofrecer la enseñanza gratuita.

Y todo esto ¿por qué? ¿No son católicos la mayoría de los españoles? ¿No acuden a Misa cada domingo más de siete millones de fieles que, además, marcan la X en la casilla correspondiente del IRPF? ¿No ofrece la Iglesia unos servicios sociales que ahorran al Estado decenas de miles de millones de euros? ¿No son atendidos por las instituciones sociales de la Iglesia, cada año, más de cuatro millones de indigentes y pobres vergonzantes?

Puede que todo eso sea verdad. Pero… la Iglesia, a juzgar por lo que leemos y escuchamos a los modernos izquierdistas, es una institución antidemocrática; ni el Papa ni los párrocos son elegidos por los fieles; es contraria a la igualdad de género porque prohíbe a las mujeres ejercer  el sacerdocio; se opone al aborto y la eutanasia como signos de progreso social, en contra de lo que se decide democráticamente en el Congreso de los diputados y diputadas; predica una moral desfasada y casposa que va contra la libertad de expresión y la libertad sexual… Y encima, se permite adoctrinar a los niños desde que son bautizados. Y muchas cosas más que molestan a las minorías que no son cristianas o que, simplemente, no son creyentes. Da igual lo que crean los católicos, pero que no vayan por ahí dando testimonio de una fe irracional, con sus procesiones, sus misas al aire libre, sus capillas en las universidades: ¡que se queden en casa  y no salgan de las sacristías, caramba!

¿Hay más argumentos? Los que uno quiera. Por eso se pretende reformar la Constitución, convertir la aconfesionalidad del Estado en un Estado laico; cambiar todas las leyes que se consideren represivas; romper los lazos con el Vaticano; enseñar en las escuelas públicas que Dios no existe para evitar así que la Iglesia tenga la menor capacidad de captar adeptos y mantener sus privilegios; que cada cual es libre de elegir sexo, de casarse con quien quiera, de suicidarse o de abortar. Lo urgente y necesario, diríamos como guinda argumental, es que haya muchas más mujeres que se desnuden ante los altares para mostrar su libertad en de expresión contra del oscurantismo clerical. Y quien sabe: llegará el día en que chicos y chicas, no solo se desnuden en los presbiterios sino que allí manifiesten sus necesidades de expresión sexual. ¡Faltaría más!

Puede que nada de suceda nunca porque, de momento, España es un país civilizado. Pero ¿no es ese el camino que quisieran seguir muchas de las gentes que han sido elegidas democráticamente para representarnos? Polemistas. socialistas y ciudadanistas son partidarios de denunciar los acuerdos con el Vaticano, de acabar con los conciertos educativos, de derogar la reformita de la ley del aborto tan cansinamente aprobada por el PP; de introducir la “muerte digna” (léase eutanasia) dentro de la reforma de la Justicia. Y curiosamente, en su deseo de formar un “gobierno estable” en coalición con PSOE y Ciudadanos, el PP no se ha pronunciado sobre estos aspectos del pacto Sánchez-Rivera. Se supone que es contrario a ellos, en la medida que no quiere reformas profundas de la Constitución. Pero es obvio que, en el supuesto lejano de que se llegue a un acuerdo tripartito, ni Sánchez ni Rivera se mostrarían dispuestos a eliminar estos puntos del necesario pacto, en su interpretación del mandato electoral.

¿Es eso lo que quieren los españoles? Puede que si, puede que no. Pero no me equivocaría mucho si afirmase que eso sí es lo que quiere la Unión Europea, únicamente  preocupada por la estabilidad monetaria y económica. De lo demás, ahí está el Nuevo Orden Mundial patrocinado por la ONU para que las sociedades caminen por el “progreso” moral que bien puede resumirse en una frase muy repetida en la era de  Zapatero: hay que vivir y actuar como si Dios no existiera.

Queda, por tanto, una pregunta en el aire: ¿qué hacemos los católicos? La respuesta nos puede llegar de las revelaciones que tuvo la santa de la Misericordia, Faustina Kovalska: la voluntad de Dios es que se le pidan en la oración cosas grandes, muy grandes…

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