¿Qué parte del “no” a Rajoy no ha entendido Sánchez?

 

Hay un aspecto que, acaso, no se ha tenido muy en cuenta al analizar el resultado de las elecciones territoriales del domingo: el electorado no vota a quien se autoexcluye. Y el PSOE, en buena medida, se ha excluido a sí mismo de la lucha electoral. Y, claro, los suyos no lo han votado ¿Cómo se explica esta contradicción?

Así lo veo yo: el PSOE ha renunciado a gobernar –lo ha podido hacer en coalición con el PP- en la medida que ha impuesto su bloqueo al PP. Y cabría preguntarle al señor Sánchez: ¿Qué parte del “no” de sus propios electores no ha entendido usted? Sánchez no tiene respuesta a esta pregunta porque ni siquiera se la ha planteado. En realidad, Sánchez y el equipo que ha elegido para manejar Ferraz, no han analizado en profundidad qué le está pasando al PSOE, que no deja de perder elecciones desde las europeas de mayo de 2015.

Se le pueden facilitar algunas claves. En primer lugar, el PSOE se negó sistemáticamente, a lo largo de la legislatura de Rajoy, a aportar su granito de arena a la superación de la crisis… en buena medida suscitada por el propio PSOE, por Rodríguez Zapatero. Recuérdese aquel desafortunado debate entre el vicepresidente socialista Pedro Solbes y el segundo por la lista de Madrid del PP, Manuel Pizarro. Obviamente, Solbes tan solo se miraba al ombligo y repetía sin cesar que las cosas iban bien, que el sistema financiero español era el más solvente de Europa, etc. etc. Solbes siguió porque el electorado creyó en sus mentiras y Pîzarro tuvo que marcharse porque no había convencido a nadie con su impecable análisis económico..

Pasados dos años de la legislatura zapateril, la crisis se hizo tan visible, después incluso de gastar el dinero que no tenía en aquellos absurdos “planes E”, que ya no pudo mentir más… y tuvo que pedir ayuda a Rajoy para reformar el articulo 135 de la Constitución. No había más remedio que garantizar un techo de gasto que impidiera el crecimiento del déficit por encima del 3 por cierto. Claro que eso se lo tuvieron que recordar, de manera amenazante, desde Merkel a Obama: la crisis en España ponía en peligro a toda Europa, al euro, a las relaciones con Estados Unidos. Zapatero claudicó… y dimitió poco después, dejando a Rajoy una herencia de infarto.

Todo esto, tan meridiano, nunca lo asumió el sucesor en la Secretaría General del PSOE, Pérez Rubalcaba –que perdió las elecciones- y menos aún, el “jovencito Frankestein”, Pedro Sánchez, que no ha dejado de acusar a Rajoy de aumentar la desigualdad, de recortar el gasto en los servicios sociales e, incluso, de privatizar la sanidad. ¿No fue eso lo hizo Zapatero en los últimos momentos de su olvidado mandato? Rajoy calló entonces por prudencia o, acaso, porque no supo manejar la situación de acoso que sufrió -¡todos contra Rajoy!-  con un eficaz equipo de comunicación. ¡Ah, el “plasma” y, encima, los casos de corrupción!

Sin duda Sánchez son dejó de frotarse las manos y de relamerse cada vez que surgía un Bárcenas, un Gurtel, un Rato o un Granados. ¡Malditos corruptos! Y tan fuerte se creyó Sánchez cuando se convocaron las elecciones de diciembre de 2015, que no dudó en insultar al candidato Mariano Rajoy, llamándole “indecente” en aquel aciago debate electoral. Sánchez hizo alarde de mala educación, de prepotencia, de comococos virtual, algo que solo gusta a los que odian. Lo grave es que toda esta estrategia del insulto, del menosprecio y del olvido de sus propias corrupciones, condujo a Sánchez a la peor derrota sufrida por el PSOE desde el comienzo de la democracia. ¡Y no dimitió! Todo lo contrario: insistió una y otra vez en despreciar al PP, en el “no es no” y en ese soberbio “¿qué parte del “no” no ha entendido, señor Rajoy?…

Después, el derrotado Sánchez trató de ser investido tras la renuncia de Rajoy a presentar su candidatura. ¡Y de nuevo fue derrotado, esta vez en las Cortes! Si alguna vez Sánchez creyó que su permanente rechazo a Rajoy tendría compensación en las urnas, la repetición de las elecciones el 26 demostró lo contrario. Perdió cinco escaños más… y siguió negándose a que Rajoy formase Gobierno. Más aún: en plena campaña electoral en el País Vasco y Galicia ha tratado de pactar con Podemos y los partidos separatistas catalanes para ser alternativa a Rajoy.

Todavía no sabemos con precisión qué consecuencias tendrá para España y para cada una de las comunidades autónomas, para los parados opara los pensionistas el odio de Sánchez a Rajoy. Pero si sabemos que Sánchez ha vuelto a ser noqueado el 25-S ¡y que sigue sin dimitir! Ahora hay que esperar a ver qué decide el manoseado Comité Federal y qué pasará en el Congreso convocado de manera precipitada. ¿Le preguntará alguien a Sánchez que parte del “no” a Rajoy no ha entendido todavía?

¡Pobre hombre y pobre España!

 

 

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