¿Quién escucha al Papa?

 

¿Serán escuchados los aldabonazos del Papa Francisco a la conciencia dormida de Europa, tanto en su reciente visita a Lesbos como en su discurso al recibir el premio Carlomagno?  Me atrevería a responder afirmativamente… pero solo en parte. Razón: el meollo de sus llamadas, nuevo eco de las que hizo Juan Pablo II en tantas ocasiones durante su pontificado, viene a ser –perdón por el atrevimiento- una síntesis del programa ideal de la izquierda bienpensante, la que habla y habla de la igualdad, de la reforma del sistema económico, de la acogida a los inmigrantes, de la libertad, de la democracia… Todo esto podría  resumirse, a su vez, en la recuperación de los valores y principios que hicieron grande a Europa a pesar de sus tremendos conflictos internos. Pero esos valores, quieran o no quieran los agnósticos y relativistas, refugiados en los partidos de la izquierda, están basados en el humanismo cristiano y, obvio resulta decirlo, los derechos humanos reforzados a partir de las dos últimas grandes guerras mundiales.

Ahora bien: ¿qué es lo que caracteriza hoy a Europa? Digámoslo sin ambages: el relativismo que nos ha conducido a ignorar el primero de esos derechos: el derecho a la vida. Cuando este pasado viernes escuchaba los comentarios de algunos próceres de la izquierda española, no dejaba de llamarme la atención la satisfacción con que acogían la crítica profunda que el Papa hacía a esa ausencia de valores… sin que les mereciera el menor comentario la defensa de la vida humana. Pero ya sabemos que para esa izquierda que alaba la valentía de Francisco en su “programa” social, no cuadra con la defensa de la vida como un derecho humano fundamental para el desarrollo humano, económico, social, cultural…

¿De qué vale un Estado de Bienestar tan defendido por la socialdemocracia si se niega el acceso a la vida de los que van camino de nacer? ¿O es que el Papa cae en una contradicción flagrante al defender una economía social, tan querida para la izquierda, al tiempo que condena el aborto, la eutanasia, la contracepción y ese supuesto “derecho a decidir” de la mujer embarazada?

Si hasta ahora he señalado la hipocresía de “la izquierda”, no voy a dejar de fijar la mirada en los partidos liberal-conservadores y “centristas”, que se han pasado con armas y bagajes al “progresismo” abortante. ¡La pérdida de valores denunciada por el Papa, iguala a izquierdas, derechas y centro! Cierto que no faltan “conservadores” como la canciller Angela Merkel y el “premier” David Cameron que últimamente han hablado de la necesidad de un “retorno” de Dios a la acción política, a la sociedad. Pero no dejan de ser palabras pronunciadas al socaire del oportunismo electoral… y pensadas para minorías convencidas, algo que, por cierto, ni siquiera se atreven otros dirigentes políticos europeos, desde Hollande a Rajoy, pasando por Renzi.

¿Qué “pinta” Dios en la política? A ver: ahora que se acercan nuevas elecciones en España ¿quién se atreverá a reivindicar la capacidad creadora del humanismo cristiano y la necesidad de recuperar los valores perdidos en aras del relativismo, tal y como ha pedido el Papa? ¿Se permitirá algún político a hablar de Dios y de ese “despertar” de la conciencia a la que se ha referido el Pontífice?

Digámoslo claramente: no hay ni habrá economía social, cultura de solidaridad, respeto a las ideas del contrario, ni siquiera diálogo, si no se respetan los derechos humanos en su integridad. Y, claro: no me refiero a los “derechos” que cada día se inventan los que han encendido una vela a la ideología de género como si fuera el sumum del progreso. Empecemos por el derecho a la vida, a la dignidad de la persona y luego hablemos de lo que se quiera. Con Dios, todo se abre a la esperanza. De lo contrario, seguiremos por la senda del suicidio, que eso es lo que, en síntesis, ha denunciado el Papa al ser premiado por su defensa de la unión europea. Los hipócritas tienen ya su sitio en la historia.

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