Reflexiones sobre el yihadismo y el Islám

 

Lleva razón el Papa: no estamos en una guerra de religiones, musulmanes contra cristianos o viceversa. ¿Cómo explicamos entonces, el fenómeno del yihadismo, del terrorismo de cuño islámico que ataca en los países occidentales considerándolos cristianos? Cabe también preguntarse: ¿Son musulmanes los asesinos que han montado el Daesh o Isis, Estado Islámico de Irak y Siria? Y más aún, lo que ya resulta una pregunta demasiado reiterativa: ¿Es el Islám una religión violenta?

Tratemos de sistematizar las respuestas. No hay guerra de musulmanes contra cristianos porque nadie la ha decretado especificamente, aunque los cristianos son masacrados allí donde se instala una rama o un simple “lobo solitario” del radicalismo islámico, como es el caso de las bandas asesinas del Daesh, Al Qaida, talibanes, Aqmi, Al Nusra, Boko Haram… diseminados en Oriente Mdio, Asia y África, sin contar las células más o menos activas, instaladas en el resto del mundo.  Otra cosa es que las minorías de cristianos sean discrmiinada desde hace siglos en los países islámicos, donde es obligatorio declrar la religión en el carnet de identidad. Ahora bien: puede decirse con toda propiedad que sí existe una guerra religiosa, dentro del mundo islámico entre la mayoría sunnita y la minoría chiíta, iniciada apenas murió el fundador del Islám, el profeta Mahoma, hace mil cuatrocientos años…Y, claro, son musulmanes las víctimas de esta guerra inacabable.

Lo más llamativo de esta guerra es que no solo son atacados los cristianos que conservan su fe en Tierra Santa y sus aledaños, así como los musulmanes chiitas, sino los propios hermanos de sangre sunnitas, por el mero hecho de que no tienen las mismas convicciones de sus asesinos. Dicho esto hay que aclarar que, al margen de las mútiples sectas que sobreviven en el undo islamizado, la división entre musulmanes es un fenómeno relativamente reciente: se remonta a los años setenta del pasado siglo, tras la ejecución por el naserismo del ideológo egipcio Said Qobt, principal impulsor de la violencia en el seno de la cofradía de los Hermanos Musulmanes.  Esta cofradía, recordemos, fue fundada en 1928 por el teólogo también egipcio Hasan Al Bana, dando alas a la corriente “salafista” que aspira  a dominar la “umma”, la comunidad islámica. La idea de Al Bana, radicalizada después por Qobt, era la de poner un dique a la creciente dominación cultural de las potencias coloniales y preservar así la identidad islámica de los egipcios.

El salisfismo, en si mismo, no es violento; su objetivo es la “vuelta” a los tiempos que dieron origen al Islám, un Islám de los primeros tiempos, obviamente idealizados. Ese es el sueño: el retorno (salaf) a los orígenes. Pues bien, dentro de esta corriente, más o menos piadosa y  quietista, ha surgido una rama radicalizada al extremo: el “takfirismo”, cuyo objetivo es la reislamización forozosa de todo musulmán mediante la aplicación más extrema de la “sharía”, la ley islámica elaborada a partir del Corán y de los “hádices” o dichos del Profeta.

Pues bien, estos “takfires” que persiguen, en primer lugar, a los musulmanes llamados “moderados” que evitan las complicaciones religiosas o, simplemente, han dejado de ser “piadosos”, son los que han fundado el Estado Islámico como un nuevo califato encargado de llevar a sus seguidores, naturalmente musulmanes, al paraíso. Matar al infiel es, para ellos, el acto supremo de sumisión a la voluntad divina expresada en la “sharía”. Pero todo esto no  lega a explicar por qué los “takfires” atacan al mundo occidental.

Aparte el odio acumulado durante le época colonial y la sed de venganza que les anima, sus partidarios o sicarios -les da igual que conozcan o no el Corán ya que lo importate es “limpiar” de impíos al mundo- recurren al terror para debilitar las defensas morales y económicas de los países que quieren someter. Se añade a ello una singular creencia muy extendida en todo el mundo islámico: que los occidentales son cristianos y, en principio, enemigos del Islám a los que hay que matar de acuerdo con la célebre azora del Coran: “Matadlos allí donde se encuentren…”

Hablar, por tanto, de guerra de religiones resulta absurdo en la medida que los occidentales no se distinguen precisamente por sus convicciones y devociones cristianas sino justamente por lo contrario. Ahí está como muestra la ideología de género abrazada por todo laicista que se precie… En realidad, si estos terroristas tuvieran un poco de paciencia, podrían esperar al desmoronamiento definitivo de Europa -su primer objetio junto a Estados Unidos- una vez que desaparezcan del todo las señas cristianas de identidad…

Pero no nos vayamos por las ramas. Lo fundamental aquí y ahora, a propósito del yihadismo, es hasta qué punto puede decirse que estos asesinos no son en realidad musulmanes como pretenden muchos de los líderes islámicos considerados “moderados”, especialmente las diversas asociaciones que agrupan a los quince millones de musulmanes que residen en Europa. Pues bien: es necesario admitir, como lo viene haciendo desde hace años la voz católica más autorizada sobre el Islam, el profesor egipcio y jesuita Samir Jalil Samir, que los ”takfires” del Daesh están aplicando al pie de la letra los mandatos más rigurosos del Corán y de la “sharía”: matar a los impíos.

No nos engañemos: Islám, afirma el profesor Jalil, no es sinónimo de “Salam”, la paz. Su significado es “sumisión” a Allah, según la interpretación radical que dan a sus mandatos y que compraten con el “wahabismo” practicado en Arabia Saudita. Con lo cual vamos directamente al meollo del problema: ¿Es el Islám una religión violenta?  La respuesta es muy simple: depende de la interpretación que cada cual quiera darle, sin que sea necesario ser ningún docto en la materia. Por supuesto que hay versículos que apelan a la violencia. Pero también hay otros más tolerantes, especialmente con la “gente del Libro”, aunque algunos los consideren derogados por los más guerreros.

En todo caso, Francia -y ya es imitada por Alemania- parece que está encontrando un camino más expedito para luchar contra el yahadismo: expulsar a los predicadores radicales y cerrar los lugares de culto donde se enseña el odio a los “cristianos”. Y como consideración final, hace tiempo que he tomado nota de que la guerra de Irak fue un disparo al enjambre de yihadistas que se ocultaba bajo la dictadura de Saddam Husein. Ahora no hay bombas suficientes para acabar con su proliferación. La pregunta es: ¿Hemos aprendido algo de nuestros errores? La respuesta que da el Papa es el diálogo, la acogida, el perdón, la misericordia… y nuestro retorno a los principios morales que alumbraron la civilización occidental. Seguiremos.

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