Un salmo para las elecciones

Como bien sabemos, los caminos de Dios no son los caminos del hombre, pero, con frecuencia, esos caminos se entrecruzan porque, en definitiva, Dios no se aparta de sus criaturas. Hace ya mucho tiempo que en España, en Europa, en buena parte del mundo, el hombre –y la mujer, faltaría más!- ha manifestado su voluntad de alejarse de Dios, igual que en Sodoma y Gomorra, para “vivir su vida” con autonomía. La moral o bien no cuenta en la vida diaria o la hemos reducido a la corrupción.

Los cristianos, sin embargo, nos empeñamos en asegurar que Dios es el soberano de la Historia, que nada se mueve sin que Él lo permita, que nada podemos hacer sin la ayuda del Espíritu Santo, cuya fiesta, Pentecostés,  por cierto, vamos a celebrar dentro de unos días. En otras palabras: todo lo que ocurre tiene su mensaje divino; nos queda interpretarlo.

Ahora los políticos solo se ocupan de encender velas al “dios de los votos”, de las urnas en definitiva: ¡ah, santa democracia! No pretendo analizar políticamente la situación que vivimos –preocupante, nos recordaba semanas atrás monseñor Blázquez- porque, permítanme que lo diga, en el fondo da igual el resultado, en la medida que es el fruto de nuestra voluntad… mediatizada.  Lo que nos toca a los católicos –en realidad, a todo el cuerpo electoral- es hacer un ejercicio de discernimiento antes de depositar el voto en la urna. Y eso exige pensar un poco.

Si tiramos del hilo de la historia nos encontramos fatídicamente con el ovillo que hemos liado entre todos… bajo la atenta mirada de Dios que nos deja actuar en libertad. Y de eso se trata: mientras la historia no llegue a su fin, aquí vamos a vivir en una continua zozobra, la que nos ofrecen nuestras idolatrías y nuestras traiciones.

Les voy a decir una verdad como una catedral: la vida empieza hoy y lo que hagamos ahora es lo que nos encontraremos mañana. Nosotros, los católicos, cada vez más marginados de la sociedad, podríamos preguntarnos si Dios nos ha dejado de su mano. Pero no, no señor. Somos nosotros los que caemos en la tentación de alejarnos…

 

Ya lo dijo el salmista hace miles de años: “Se han levantado losreyes de la tierra y se han reunido los príncipes contra el Señor y contra suungido… Rompamos, dijeron, sus ataduras y sacudamos lejos de nosotros su yugo…” Leamos, leamos el Salmo II, tan luminoso, tan actual.

 

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