Y blá, blá, blá…

Me cuentan que un joven periodista acudió a uno de sus antiguos profesores para hacerle una curiosa petición;

-Me gustaría mucho ser tertuliano y usted tiene muchas influencias. ¿Me podría recomendar para participar en alguna de ellas?

-Pero hombre, tu sabes muy bien que para eso hay que ser un periodista de prestigio o pertenecer a algún partido. Además, ¿tienes alguna especialidad?

-Bueno yo sigo muy de cerca la actualidad política en el diario digital donde estoy. Y me he especializado en disfraces y maquillajes verbales. Lo mismo puedo colocarme una barbita para parecer “progre” que acudir bien afeitado, con chaqueta y corbata. Puedo dar el “pego” como tertuliano de izquierdas o de derechas. Pruébeme y vera.

– Bueno, supongamos que eres un ferviente seguidor de alguna rama de la izquierda radical. ¿Qué dirías si te pregunta el presentador de la tertulia por lás últimas apariciones de Aznar?

– Eso es muy fácil. Diría que ese tipo nunca mereció ser presidente del Gobierno, que nos llevó a la guerra de Irak, que se dedicó a nombrar amigos para puestos relevantes, que estaba hasta las cejas en la trama del “Gurtel”, que es un franquista… y cosas así.

– Pero ¿qué dirías si otro contertulio de derechas te contestara que, en el fondo, deberías estar muy agradecido a Aznar? En definitiva, las torpezas que le atribuyes abrieron las puertas al PSOE de Zapatero y Zapatero nos llevó a una ruina que dio paso al movimiento radical del 15-M que, a su vez, llevó al Congreso a tus amiguetes. O sea que hablar mal de Aznar sería como tirar piedras contra tu tejado.

– No creo que eso se le ocurriera decirlo a nadie porque la derecha no sabe argumentar y, además, tiene los labios sellados por la corrupción. De todas formas contestaría que lo mejor que puede hacer Aznar es, precisamente,  fundar otro partido: así seguiremos creciendo a su costa.

– ¡Vaya! ¿Y si fueses un señorito remilgado de derechas, qué dirías de Aznar?

– Eso también es fácil. Diría que gracias a él se crearon tres millones de empleos, que puso fin a la corrupción de los anteriores gobiernos socialistas, que nunca estuvimos en la guerra de Irak, que fue el “malvado” Rubalcaba quien sacó provecho de los atentados de Madrid, que la derecha siempre defenderá la libertad de educación y de conciencia, que nunca se le ocurrirá fundar otro partido y que su misión ahora es la de recordar al PP de Rajoy que está poniendo en riesgo las esencias del partido… Y cosas así.

– Pero otro tertuliano de izquierdas te puede rebatir que ese “malvado” de Rubalcaba que has mencionado, dio la oportunidad a Zapatero de gobernar casi ocho años y que gracias a él somos el país más avanzado de Europa en libertades sociales: el aborto es un derecho consolidado, se puede uno divorciar con solo un pestañeo, se ha recuperado la memoria histórica, los y las homosexuales pueden casarse como ciudadanas/nos libres y, sobre todo, ha impedido a la derecha recuperar la  mayoría absoluta. ¿Qué dirías entonces?

– Pues algo que le haría callar: que gracias a Rajoy se ha abierto una nueva era de diálogo y de pactos… Y blá, blá, blá….

– Mira, solo por eso del blá, blá, blá te voy a recomendar para una tertulia que dirige un buen amigo. Pero no te olvides que allí se habla de otras muchas cosas: de la crisis del PSOE, de las ambiciones de Sánchez, de las peleas entre Iglesias y Errejón, del separatismo, de Trump, de Putin, de Siria, de Israel, de Turquía, del “yihadismo”, de los emigrantes que asaltan vallas, de los que mueren ahogados, de la crisis migratoria, de macroeconomía, de pensionistas, de copagos, de educación, de sanidad, de igualdad, de jueces, de corrupción, de reformar la Constitución…

-Ah, no se preocupe: de tanto que se repiten, ya he aprendido lo que dicen unos y otros. Todo es cuestión de mucho palique. O sea, más blá, blá, blá. Lo único que me preocupa es que alguien hable de filosofía, de literatura, de fe, de la verdad… Pero eso nos es frecuente y siempre se puede desviar la atención para volver a la “realidad”. Como le digo, basta con sonreír cínicamente o alzar las cejas con sorpresa cuando habla el contrario y luego, más blá, blá, blá…

 

 

Me cuentan que un joven periodista acudió a uno de sus antiguos profesores para hacerle una curiosa petición;

-Me gustaría mucho ser tertuliano y usted tiene muchas influencias. ¿Me podría recomendar para participar en alguna de ellas?

-Pero hombre, tu sabes muy bien que para eso hay que ser un periodista de prestigio o pertenecer a algún partido. Además, ¿tienes alguna especialidad?

-Bueno yo sigo muy de cerca la actualidad política en el diario digital donde estoy. Y me he especializado en disfraces y maquillajes verbales. Lo mismo puedo colocarme una barbita para parecer “progre” que acudir bien afeitado, con chaqueta y corbata. Puedo dar el “pego” como tertuliano de izquierdas o de derechas. Pruébeme y vera.

– Bueno, supongamos que eres un ferviente seguidor de alguna rama de la izquierda radical. ¿Qué dirías si te pregunta el presentador de la tertulia por lás últimas apariciones de Aznar?

– Eso es muy fácil. Diría que ese tipo nunca mereció ser presidente del Gobierno, que nos llevó a la guerra de Irak, que se dedicó a nombrar amigos para puestos relevantes, que estaba hasta las cejas en la trama del “Gurtel”, que es un franquista… y cosas así.

– Pero ¿qué dirías si otro contertulio de derechas te contestara que, en el fondo, deberías estar muy agradecido a Aznar? En definitiva, las torpezas que le atribuyes abrieron las puertas al PSOE de Zapatero y Zapatero nos llevó a una ruina que dio paso al movimiento radical del 15-M que, a su vez, llevó al Congreso a tus amiguetes. O sea que hablar mal de Aznar sería como tirar piedras contra tu tejado.

– No creo que eso se le ocurriera decirlo a nadie porque la derecha no sabe argumentar y, además, tiene los labios sellados por la corrupción. De todas formas contestaría que lo mejor que puede hacer Aznar es, precisamente,  fundar otro partido: así seguiremos creciendo a su costa.

– ¡Vaya! ¿Y si fueses un señorito remilgado de derechas, qué dirías de Aznar?

– Eso también es fácil. Diría que gracias a él se crearon tres millones de empleos, que puso fin a la corrupción de los anteriores gobiernos socialistas, que nunca estuvimos en la guerra de Irak, que fue el “malvado” Rubalcaba quien sacó provecho de los atentados de Madrid, que la derecha siempre defenderá la libertad de educación y de conciencia, que nunca se le ocurrirá fundar otro partido y que su misión ahora es la de recordar al PP de Rajoy que está poniendo en riesgo las esencias del partido… Y cosas así.

– Pero otro tertuliano de izquierdas te puede rebatir que ese “malvado” de Rubalcaba que has mencionado, dio la oportunidad a Zapatero de gobernar casi ocho años y que gracias a él somos el país más avanzado de Europa en libertades sociales: el aborto es un derecho consolidado, se puede uno divorciar con solo un pestañeo, se ha recuperado la memoria histórica, los y las homosexuales pueden casarse como ciudadanas/nos libres y, sobre todo, ha impedido a la derecha recuperar la  mayoría absoluta. ¿Qué dirías entonces?

– Pues algo que le haría callar: que gracias a Rajoy se ha abierto una nueva era de diálogo y de pactos… Y blá, blá, blá….

– Mira, solo por eso del blá, blá, blá te voy a recomendar para una tertulia que dirige un buen amigo. Pero no te olvides que allí se habla de otras muchas cosas: de la crisis del PSOE, de las ambiciones de Sánchez, de las peleas entre Iglesias y Errejón, del separatismo, de Trump, de Putin, de Siria, de Israel, de Turquía, del “yihadismo”, de los emigrantes que asaltan vallas, de los que mueren ahogados, de la crisis migratoria, de macroeconomía, de pensionistas, de copagos, de educación, de sanidad, de igualdad, de jueces, de corrupción, de reformar la Constitución…

-Ah, no se preocupe: de tanto que se repiten, ya he aprendido lo que dicen unos y otros. Todo es cuestión de mucho palique. O sea, más blá, blá, blá. Lo único que me preocupa es que alguien hable de filosofía, de literatura, de fe, de la verdad… Pero eso nos es frecuente y siempre se puede desviar la atención para volver a la “realidad”. Como le digo, basta con sonreír cínicamente o alzar las cejas con sorpresa cuando habla el contrario y luego, más blá, blá, blá…

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